Comparateca: Solución Para Evitar Centros de Atención a Clientes

Comparateca: Solución Para Evitar Centros de Atención a Clientes

Amigos de Comparateca:

Soy un tipo poco paciente que se harta con facilidad de las multitudes.
Cada ciudad carga con su dosis de martirio: el transporte público, el tráfico, los trámites burocráticos, los bancos ineficientes, y las horas desperdiciadas en todo ello que me pone a pensar: ¿cuántas cosas más productivas y enriquecedoras podríamos hacer en ese tiempo?

La última vez que esa sensación de hartazgo llegó a su límite fue hace un par de días en las oficinas de una conocida empresa telefónica para recuperar mi chip tras un asalto que me dejó sin celular.

Cuando llegué, la fila de clientes llegaba más allá de la puerta, acomodándose entre los muros del centro comercial. Me hizo sentir mucha desesperación, similar a la que sentimos cuando salimos de casa hacia la oficina y nos encontramos con mucho más tráfico de lo habitual y en zonas donde regularmente no hay.

Frente a mí había de todo: hombres de traje, chavos con pants, mujeres con niños en brazos, niños en carreolas, niños corriendo entre quienes aguardábamos turno, tipos con vida social muy activa sin despegar su vista del teléfono, parejas jóvenes discutiendo.

Cada tanto, algún cliente atraía la mirada de todos porque empezaba a reclamar a gritos a los empleados, con muecas, con manotazos y se remataban con las constantes amenazas: “me voy a cambiar a la compañía X” y “pondré una queja ante Profeco”.

¿Hasta dónde puede llegar la desesperación colectiva en un sitio donde se acumula la prisa de todos y el sentimiento de que la gente que atiende nos está castigando con su mala disposición hacia los clientes?

Esperé cerca de una hora para llegar a la ventanilla, a esas alturas ya estaba algo desfajado, había amenazado con la mirada a un niño que me dio un pisotón del carajo, y supe las razones que tenía la chava de en frente para reclamarle al idiota de su novio.

La señorita que me recibió no disfrutaba mucho su trabajo y, aunque su guión parecía perfectamente diseñado para aparentar alegría y cordialidad, la verdad es que sonaba más como un robot. Estas empresas parecen ignorar que un discurso acartonado provoca menos tolerancia que otra cosa.

El día se arruinó por completo, inclusive después del martirio que ya había sufrido, cuando la señorita me pidió mi credencial para votar. Revisé primero en mi cartera, y al no verla sentí la sangre fría y se me taparon los oídos. Revisé en mi pantalón, en el saco, en la camisa, en la cartera de nuevo.
Entonces sentí que pronto mi párpado derecho comenzaría a brincar felizmente, que mi brazo izquierdo se adormecería… que esto era el inicio de una embolia fulminante.

No era el momento de despedirme del mundo ese día, aunque creo que en en ese momento sí pedí a alguna deidad que me tomara como ofrenda.
Fue una vergüenza pública ser rechazado en 45 segundos. Era como entrenar meses para una pelea de campeonato y que te noqueén en el primer round.

Hoy escribo esto desde mi computadora, en casa, justo cuando me he enterado que existe Comparateca, por la recomendación que un amigo me hizo. Llené mi solicitud, subí mi identificación, pedí un chip en el que tendré el mismo número que he tenido por años, y sólo queda esperar a que me llegue.

Tengo confianza en que su proyecto será una solución maravillosa para aquellos que nos hartamos con facilidad de los hacinamientos cotidianos y las filas enormes.
Cabe aclarar que desde el día del robo he estado sin celular, pero estoy aprovechando para comprar un celular con ustedes, desde mi cama, mi escritorio o el escusado. Es un asunto que todavía no decido.

De hecho es muy probable que en un par de meses busque cambiarme a otra compañía, contratando un mejor plan y de un modo más sencillo.

Gracias por existir, compas de Comparateca.

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